Por José Lozano
Los que hoy gobiernan la República Dominicana, para acceder a dirigir el Estado en el año 2020, se montaron en una ola de movimientos sociales, denuncias de corrupción y reclamos de acabar con la impunidad; con la magia del marketing político vendieron al electorado un supuesto “cambio”, y el pueblo les otorgó ese mandato de cambio, adquiriendo este un significado especial: la promesa de reforma económica, la esperanza de un futuro más promisorio, justo, estable; todo se quedó en percepción.
Este gobierno de Luis Abinader solo procuró, en un plan minuciosamente orquestado, desacreditar a su antecesor en el gobierno y al PLD, tratando de debilitarlo, y, por qué no, hasta destruirlo, descuidando las políticas sociales y acciones en favor de la población; sin obras de ninguna índole, infraestructuras de servicios qué exhibir en el año 2024, en el último proceso electoral.
De alguna forma lograron su objetivo de afectar a los partidos de oposición y con la vulgar y descarada compra de las elecciones lograron mantenerse en el poder, una nefasta reelección de un gobierno inepto, incompetente, mitómano para desgracia del pueblo dominicano.
Ante esta realidad, de un gobierno inoperante se deteriora la calidad de vida del pueblo dominicano en todos los órdenes: social, económico, servicios públicos, educación, salud, sector energético, seguridad ciudadana, todo se cae a pedazos.
Abinader y su grupo se están tragando al país, y qué decir de la doble moral, con la situación migratoria, sus vínculos con el narcotráfico, los constantes escándalos de corrupción; gobiernan para sí mismos sin importarles el pueblo.
Lo esperanzador es que los dominicanos empezamos a despertar de esta pesadilla, mirando hacia atrás al referente más inmediato; comparar el país que teníamos y el que tenemos ahora. Ante la dura y triste realidad que nos atrapa debemos enfrentar las situaciones sin tregua, unidos, denunciando cada error, cada atropello, cada burla, cada incompetencia, cada mentira de este gobierno y, al cumplir su periodo constitucional, desterrarlo del poder político para siempre.

