Jalen Brunson se ha convertido por primera vez en su carrera en campeón de la NBA, liderando a los Knicks a su primer anillo en 53 años gracias a una exhibición extraordinaria. Y ha ganado un merecidísimo MVP de las Finales.
Es, sin duda, el santo y seña de un equipo que él ha guiado al anillo… y que ayudó a crear. En 2024, tenía a tiro una extensión de contrato de cinco años y 269 millones de dólares, pero firmó por cuatro y 156,6. Dejó en el camino 113 millones, un acto inusual que sirvió para que los Knicks dispusieran de una extraordinaria flexibilidad económica sin la que, piedra a piedra, no podrían haber hecho movimientos como las llegadas de Mikal Bridges y Karl-Anthony Towns.
Brunson sacará un contrato monstruoso en su próxima extensión (tiene una player option en 2028) pero ese gesto de hace dos años fue vital para la franquicia y por eso está ya, también, en la historia de los Knicks.
Y, en una temporada extraordinaria, los Knicks han ganado el anillo y la Copa, con Brunson siendo MVP de ambos trofeos, además de participar en el All Star y ser parte del Segundo Mejor Quinteto de la NBA. Y con 188 centímetros, convirtiéndose en el jugador más bajito de todo el siglo XXI en ganarlo con (más o menos, en esto siempre hay dudas) la misma estatura que Stephen Curry y Tony Parker, que lo consiguieron en 2022 y 2007 respectivamente.
Un año único para Brunson, que con los ojos anegados en lágrimas intentaba responder sin mucho éxito a las preguntas de la reportera. Lo mismo daba: su mirada lo decía todo. El objetivo estaba cumplido.
32,6 puntos por partido
Jalen Brunson ha promediado 32,6 puntos, 4,2 rebotes y 4,6 asistencias en los cinco partidos que han durado las Finales, yéndose por encima de los 35 minutos en todos los encuentros, con 44 y 41 en el cuarto y en el quinto respectivamente.
En la remontada de 29 puntos en la que recibió un incuestionable apoyo de OG Anunoby se fue a 36 tantos, 5 rechaces, 7 pases a canasta y 3 robos. Pero ha sido el quinto asalto el que lo hará entrar en los libros de historia: 45, con un excelente 14 de 27 en tiros de campo, un porcentaje asombroso para su rango de tiro, además de un 4 de 7 en triples y un 13 de 15 en tiros libres.
Y leyendo perfectamente la defensa rival, atacando el aro cuando no estaba Victor Wembanyama (con el que se las ha visto de todos los colores), luchando contra el juego físico y a veces sucio de los Spurs. Y siendo la brújula moral de los Knicks y el referente cultural de Nueva York.
La historia de un héroe
Brunson nació en Nueva Jersey, estuvo en el Stevenson High School de Lincolnshire (Illinois) y jugó posteriormente en los Wildcats de la Universidad de Villanova, en las que promedió 14,4 puntos, 3,7 asistencias y 2,5 rebotes por partido, conquistando el título de la NCAA en 2016 y 2018 respectivamente.
Y se hartó de distinciones individuales: ganó el Oscar Robertson Trophy el Associated Press College Basketball Player of the Year, el Naismith College Player of the Year, el Premio John R. Wooden, el Jugador del Año de la NABC, el Premio Bob Cousy y el Premio Sporting News al Baloncestista Universitario del Año. La historia se empezaba a fraguar para un jugador único e irrepetible. Lo que, por otra parte y antes de cumplir los 30 años, ha demostrado ser.
Fue elegido en la 33ª posición de la segunda ronda del draft por Dallas Mavericks y su protagonismo fue creciendo de forma paulatina, progresiva, sin prisa, pero sin pausa. Su baja estatura no hacía presagiar una buena carrera, pero el base cambió la opinión de la gente y en 2022 ya se había hecho con la titularidad junto con Luka Doncic.
Ambos llegaron ese año a las finales de Conferencia con los texanos, cayendo derrotados ante los Warriors. Y fue ahí donde tuvieron que decidir si prolongar el contrato de otro jugador que también necesitaba mucho balón o dejarle ir para que liderara un proyecto en solitario, algo que hizo en los Knicks, donde lleva cuatro temporadas. En las tres últimas, en el Segundo Mejor Quinteto. Y siendo un fijo en el All Star.
Una tradición familiar
Estaba escrito que Jalen Brunson se dedicara al baloncesto. Su padre Rick jugó en la NBA durante nueve temporadas y también era base, llegando a pasar por los Knicks en dos etapas diferentes: de 1998 al 2000 y luego, en la 2000-01, jugando entre medias con los Celtics.
Siempre fue un jugador de rol, carne de traspaso, alejado de los focos y el protagonismo de su hijo, pero siendo parte incansable de su formación. Y, a pesar de no ser una referencia como jugador, sí que consiguió una carrera de casi una década en la mejor liga del mundo, algo que no todos pueden decir.
Jugó, por cierto, contra Dell Curry, padre de Stephen, en otra historia muy similar y a la vez muy distinta que comparten dos jugadores que no tienen nada que ver, en fondo y forma, aunque compartan posición en pista.
Tras abandonar las pistas, Rick tuvo una prolífica carrera como asistente. Pasó por Denver Nuggets, los Hartford Hawks de la NCAA y, de vuelta a la NBA, por Chicago Bulls, Charlotte Bobcats y Minnesota Timberwolves (2016–2018), pasando al baloncesto de formación de 2019 a 2022, en el Camden High School.
Ese último año, coincidiendo con el fichaje de su hijo por los Knicks, puso rumbo al Madison Square Garden, donde fue ayudante de Tom Thibodeau y ahora de Mike Brown, que gana un increíble anillo y pone el broche a su carrera. Y allí, padre e hijo, Espíritu Santo y Amén: ambos, juntos, han ganado el anillo prometido y Brunson se ha emocionado cuando le han preguntado por su padre. Su madre Sandra y su hermana Erika seguro que también celebran este increíble logro.

